Pho para Uno

Él come pho solo como algunas personas rezan, en silencio, con rituales pequeños que hacen que el mundo se comporte. El local es angosto y luminoso, una franja de luz en una calle que nunca termina de enfriarse. Los ventiladores empujan el aire tibio en círculos, un aire que huele a anís estrella, albahaca mojada, y al borde dulce de los huesos hirviendo.

Elige la misma mesa cada vez, espalda contra la pared, cara hacia la puerta, no por miedo, sino porque le gusta saber qué entra. Afuera, un hombre con cigarro tose y nunca pasa. Un niño golpea una moneda en la mesa como si estuviera probando la realidad. El cocinero canta las órdenes con una voz que podría cortar caña.

El tazón llega humeando, un clima propio. El caldo es claro, casi educado, pero carga toda la historia de la paciencia. Levanta los palillos, separa los fideos, los suelta como hierba blanca de río. Le exprime limón, lo justo para afilar el día. Rompe la albahaca con los dedos en vez de cortarla, como si romperla mantuviera el olor más honesto.

Mira la calle por el marco de la puerta. Las motos se cosen entre sí como agujas. Una mujer con sombrero cónico balancea una canasta de mangos. Alguien se ríe demasiado fuerte y luego desaparece. En el reflejo de la superficie del caldo, su cara se ve más vieja de lo que se siente, como si el vapor lo tradujera a otra versión.

Se dice que no está solo. Está, simplemente, sin compañía. No es lo mismo. La soledad es un cuarto que se cierra desde afuera. Esto es un cuarto que él eligió, con un tazón enfrente y el sonido del caldo sirviéndose como un aplauso suave.

Sorbe, no por grosero, sino sin disculpa. El calor le limpia la nariz, y luego los pensamientos. Entre bocados, recuerda una voz diciendo su nombre como antes se lo decían, tierno e impaciente. No persigue el recuerdo. Lo deja pasar, como dejas pasar una moto cuando se te viene demasiado cerca, manos firmes, ojos al frente.

Se toma el caldo al final. Eso importa. Se siente como cerrar una puerta con cuidado, para que nada en la casa se despierte.

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